Barreras de plástico en lugares públicos: ¿son o no efectivas?

Si miramos a nuestro alrededor, son muchos los lugares donde se han instalado las tan conocidas barreras de plástico. 

En las bodegas del barrio, donde los vendedores mantienen la distancia de los compradores, gracias al gran plástico transparente que los divide. En los salones de belleza, donde las manicuristas atienden a las clientas siempre separadas por esta barrera o en los taxis, donde pasajero y conductor van tranquilos y con la seguridad de que este gran escudo plastificado los protegerá. 

La intuición nos dice que este nos escudará siempre de los gérmenes. Sin embargo, los científicos que estudian los aerosoles, la ventilación y el flujo del aire, señalan que las barreras de plástico no son de gran ayuda y solo dan a las personas una falsa sensación de seguridad. 

Linsey Marr, docente de ingeniería civil y ambiental en la Universidad de Virginia en Estados Unidos, menciona que colocar estos protectores de plástico en ambientes cerrados, puede crear “zonas muertas”, donde las partículas virales de aerosol pueden acumularse, como también interrumpir la ventilación y cambiar el flujo de aire. 

Si bien las barreras pueden obstaculizar que las gotas expulsadas durante la tos y estornudos salpiquen a otras personas, estas no las estarían protegiendo contra el COVID-19, pues el virus se propaga en gran medida a través de partículas de aerosol invisibles. 

Un estudio realizado por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Laboral de Cincinnati, probó barreras de plástico de diferentes tamaños en una sala aislada mediante un simulador de tos. Esta investigación dio como resultado que en las condiciones adecuadas, los escudos más altos evitaban que casi el 70% de las partículas llegaran al contador de partículas del otro lado. 

Este resultado favorable, señalaron los investigadores, se debió a que el experimento se realizó bajo condiciones controladas. Es decir, en una sala aislada con índices de ventilación constantes, que no son muy similares a las condiciones del mundo cotidiano. 

Otro estudio, realizado en un distrito escolar de Massachusetts, demostró que los separadores hechos de plexiglás impedían el flujo adecuado de aire en un ambiente cerrado. De igual forma, en Georgia, se reafirmó que las barreras que separan los pupitres escolares tienen un bajo efecto en la propagación del virus. 

Entonces, ¿son efectivas o no? La respuesta es sencilla: sí lo son, pero solo en ciertos casos. Por ejemplo, un conductor de autobús estará protegido de lo que inhalen los pasajeros, solo si la barrera va del suelo al techo. 

Los expertos señalan que es preferible que los lugares de trabajo se centren en animar a los trabajadores a vacunarse, mejorar la ventilación de los lugares cerrados, incluir máquinas de filtrado de aire HEPA cuando sea necesario y, sobre todo, reforzar el uso de la mascarilla. Todas estas medidas contribuyen a reducir la propagación del COVID-19.

Y, finalmente, los comercios u oficinas que usen estas barreras deben siempre consultar con la ayuda de expertos en ingeniería. Ellos ayudarán a evaluar el flujo de aire y la ventilación en cada espacio.

Post by Sergio Flores

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